
Hay personas que llegan a terapia y hablan mucho.
Explican lo que les ocurre, cuentan situaciones de su vida, describen sus relaciones, sus preocupaciones y hasta pueden tener bastante claro qué quieren trabajar.
Y, sin embargo, en determinados momentos aparece algo diferente.
Llegamos a una emoción y la persona cambia de tema. Hace una broma. Empieza a analizar lo ocurrido. Dice “no sé” varias veces. O simplemente parece desconectarse de aquello que estaba sintiendo.
No siempre es evidente, pero muchas veces ahí está presente algo que observo con frecuencia en consulta: la dificultad para mostrarnos vulnerables.
Y no solamente delante del terapeuta. También en nuestra vida cotidiana.
Como terapeuta gestalt en Barcelona o en sesiones de terapia online, te puedo acompañar:
Mostrarnos vulnerables no siempre resulta fácil
Ser vulnerable implica dejarnos ver en aspectos que quizá preferiríamos mantener protegidos.
Decir que tenemos miedo.
Reconocer que necesitamos a alguien.
Admitir que algo nos ha dolido.
Decir “no puedo”.
Llorar delante de otra persona.
Reconocer que queremos afecto.
Contar que algo nos importa mucho.
Para algunas personas, todo esto resulta tremendamente difícil.
Han aprendido a desenvolverse siendo fuertes, independientes, resolutivas o autosuficientes. Quizá durante mucho tiempo esa manera de funcionar les ha servido.
El problema aparece cuando esa protección se convierte en una barrera que también impide recibir, pedir, confiar o dejarse acompañar.
Podemos hablar de nosotros sin llegar a mostrarnos
Esto es algo que me parece especialmente interesante en terapia.
Una persona puede explicarme perfectamente qué le sucede y, al mismo tiempo, estar muy lejos de mostrarse emocionalmente.
Puede decirme:
“Mi pareja me dejó y lo estoy pasando mal.”
Pero una cosa es explicar lo ocurrido y otra muy diferente permitirnos sentir delante de alguien lo que esa pérdida significa.
Podemos hablar de nuestra tristeza sin llorar.
Podemos hablar de nuestro miedo sin permitirnos reconocer que tenemos miedo.
Podemos contar que necesitamos cariño sin atrevernos a pedirlo.
Por eso, en ocasiones, el trabajo terapéutico no consiste en conseguir que la persona hable más, sino en poder acercarnos poco a poco a aquello que está detrás de las palabras.
Muchas veces nos protegemos sin darnos cuenta
La dificultad para mostrarnos vulnerables no suele ser una decisión consciente.
No solemos levantarnos por la mañana pensando: “Hoy voy a evitar que los demás sepan cómo me siento”.
Son formas de protección que hemos ido aprendiendo.
Quizá descubrimos que llorar no servía de nada.
Que pedir ayuda podía generar rechazo.
Que mostrar miedo hacía que otros nos vieran débiles.
Que era mejor resolver nuestros problemas solos.
O que nuestras emociones eran demasiado para las personas que teníamos alrededor.
Y así vamos construyendo una manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
A veces funciona tan bien que ni siquiera nos damos cuenta de que existe.
Hasta que llega un momento en el que empezamos a sentirnos solos, desconectados o incapaces de establecer relaciones realmente cercanas.
En terapia también puede aparecer esa protección
Aquello que hacemos con nuestras emociones y nuestras relaciones también puede aparecer en consulta.
Una persona acostumbrada a tener todo bajo control puede sentirse incómoda cuando aparece una emoción que no puede controlar.
Otra puede sentir vergüenza de llorar delante de mí.
Y alguien que está acostumbrado a cuidar a los demás puede encontrar especialmente difícil ocupar el lugar de quien necesita ser cuidado.
Para mí, esto no es un problema que haya que solucionar rápidamente.
También forma parte del proceso terapéutico.
No necesito que una persona se muestre vulnerable en la primera sesión.
Lo importante es que pueda ir sintiendo que ese espacio es suficientemente seguro como para acercarse a aquello que normalmente mantiene protegido.
La vulnerabilidad necesita confianza
Creo que hay algo fundamental que a veces olvidamos: no podemos obligarnos a ser vulnerables.
Podemos forzarnos a contar algo, pero eso no significa necesariamente que nos estemos mostrando.
La vulnerabilidad aparece cuando sentimos que podemos dejar caer un poco nuestras defensas sin que eso vaya a tener consecuencias que no podemos sostener.
Y eso necesita tiempo.
En terapia, esa confianza se construye también a través de pequeños momentos.
Cuando una persona se atreve a decirme algo que nunca había contado.
Cuando puede reconocer que está enfadada conmigo.
Cuando consigue decir “esto me da vergüenza”.
Cuando aparece el llanto y ya no necesita disculparse por ello.
O cuando puede quedarse unos segundos en silencio sin sentir que tiene que llenar inmediatamente ese espacio.
Son momentos aparentemente pequeños, pero para mí pueden tener mucho significado.
Ser vulnerable no significa ser débil
Quizá una de las cosas más importantes que podemos descubrir es que vulnerabilidad y debilidad no son lo mismo.
Pedir ayuda puede requerir mucho más valor que aparentar que podemos con todo.
Decir “esto me ha dolido” puede ser más difícil que fingir indiferencia.
Reconocer que necesitamos a alguien puede resultar mucho más arriesgado que convencernos de que no necesitamos a nadie.
La vulnerabilidad nos expone, sí. Pero también puede permitirnos establecer relaciones más auténticas y sentirnos más conectados con nosotros mismos y con los demás.
Y quizá avanzar en terapia tenga que ver, en parte, con poder elegir cuándo queremos seguir protegiéndonos y cuándo estamos preparados para dejarnos ver un poco más.
Sobre mí
Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.
Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.
Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.