Esperamos que mejorar signifique dejar de sentir
Una de las ideas más extendidas sobre la terapia es que, si está funcionando, cada vez deberíamos sentirnos mejor.
Menos ansiedad. Menos tristeza. Menos miedo. Menos conflictos.
Y es comprensible pensar así. Cuando alguien llega a terapia porque está sufriendo, quiere dejar de sufrir.
Pero el proceso terapéutico no siempre consiste en eliminar rápidamente aquello que sentimos. A veces consiste primero en poder relacionarnos de otra manera con lo que nos ocurre.
Una persona puede seguir sintiendo ansiedad y, al mismo tiempo, haber aprendido a reconocerla antes, entender qué la desencadena y dejar de sentirse completamente dominada por ella.
Puede seguir enfadándose, pero empezar a expresar el enfado en lugar de acumularlo hasta explotar.
Puede seguir teniendo miedo y, aun así, comenzar a hacer cosas que antes evitaba.
Desde fuera quizá parezca que “sigue igual”. Para mí, como terapeuta, hay un cambio enorme.
El avance muchas veces es más fácil de ver desde fuera
Cuando una persona está dentro de su propio proceso, es difícil apreciar algunos cambios.
Estamos acostumbrados a medir el progreso por cómo nos sentimos hoy.
“Hoy sigo estando mal, por tanto, no he avanzado.”
Pero en terapia muchas veces necesitamos ampliar la perspectiva.
¿Cómo reaccionabas hace seis meses ante esta situación?
¿Qué hacías antes cuando aparecía este miedo?
¿Cuánto tardabas en darte cuenta de que estabas entrando en ese estado?
¿Podías poner palabras a lo que necesitabas?
¿Te permitías decir que no?
¿Podías mantener una conversación incómoda sin marcharte, atacar o bloquearte?
Estas preguntas pueden mostrar cambios que la persona no estaba contabilizando.
A veces el avance no está en sentirse bien, sino en hacer algo diferente cuando volvemos a encontrarnos con aquello que nos hacía sufrir.
También puede haber momentos en los que uno se encuentre peor
Esto es algo que puede desconcertar bastante.
Hay personas que durante el proceso empiezan a ser más conscientes de emociones, necesidades o conflictos que antes estaban muy desconectados.
Y eso no siempre resulta agradable.
A veces alguien me dice:
“Antes no pensaba tanto en esto y ahora estoy removido.”
Puede parecer un retroceso, pero no necesariamente lo es.
En ocasiones, empezar a sentir algo que durante mucho tiempo hemos evitado puede ser precisamente una señal de que estamos pudiendo acercarnos a ello de una manera diferente.
Por eso en terapia no intento medir el proceso únicamente por cuánto malestar hay, sino también por qué está haciendo la persona con ese malestar.
El cambio no siempre es “espectacular”.
Otra dificultad es que solemos imaginar el cambio como algo muy evidente.
Un día ocurre algo y, de repente, dejamos atrás aquello que nos hacía sufrir.
En mi experiencia, los cambios importantes suelen ser bastante menos espectaculares.
A veces aparecen en pequeños detalles.
Una persona que siempre decía que sí empieza a decir algún que otro no.
Alguien que nunca mostraba tristeza consigue llorar delante de otra persona.
Una persona que se exigía constantemente empieza a reconocer cuándo está siendo demasiado dura consigo misma.
Alguien que evitaba cualquier conflicto consigue quedarse en una conversación difícil sin escapar.
Son cambios que pueden parecer pequeños, pero pueden tener mucha importancia.
Y muchas veces solo podemos reconocerlos cuando miramos hacia atrás.
La terapia no consiste en convertirse en otra persona
Para mí, avanzar en terapia tampoco significa conseguir una versión perfecta de nosotros mismos.
Seguiremos teniendo miedo, inseguridades, enfados, tristeza, contradicciones y días malos.
La diferencia puede estar en que poco a poco tengamos más capacidad para escucharnos, comprendernos y elegir cómo queremos responder.
Y quizá este sea uno de los cambios más importantes que veo en consulta.
No que una persona deje de tener problemas, sino que empiece a relacionarse con ellos de una manera distinta.
Por eso, cuando alguien me dice que no sabe si la terapia está funcionando, muchas veces no pienso inmediatamente en que el proceso esté fallando.
Pienso que quizá ha llegado el momento de mirar juntos qué ha cambiado desde que empezó.
Porque avanzar no siempre significa sentirnos mejor de una forma lineal, de menos a más, o salir “bien” después de cada sesión. A veces significa sentir, comprender y actuar de una manera que antes no podíamos.
Y eso también es avanzar.
Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.
Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.
Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.