
Hay personas que llegan a terapia con muchas cosas que contar. Saben explicar lo que les pasa, pueden analizar una situación desde todos los ángulos y probablemente llevan mucho tiempo intentando entender por qué se sienten como se sienten.
Pero la mayoría de veces hablar no es suficiente.
Es entonces cuando propongo algo diferente: dejar durante un momento la explicación y prestar atención a lo que está ocurriendo en el cuerpo.
No se trata de hacer nada extraño ni de “interpretar” el cuerpo. Simplemente de observar.
“¿Qué notas ahora mismo?”
Es una pregunta que utilizo con frecuencia.
Puede parecer sencilla, pero para algunas personas no lo es en absoluto.
Hay quien está tan acostumbrado a pensar, analizar y buscar explicaciones que le resulta difícil responder qué está sintiendo físicamente en ese momento.
“Estoy nervioso.”
“Estoy mal.”
“Estoy preocupado.”
Son respuestas habituales.
Entonces podemos intentar acercarnos un poco más: ¿dónde lo notas? ¿Es presión, tensión, calor, frío, vacío, ganas de llorar, un nudo en el estómago?
Y a veces, cuando la persona empieza a poner atención a esas sensaciones, aparece algo que hasta entonces estaba pasando desapercibido.
El cuerpo llega antes que las palabras
Una de las cosas que más observo en consulta es que podemos ser muy buenos explicando lo que nos ocurre y, al mismo tiempo, estar bastante desconectados de cómo lo estamos viviendo.
Podemos decir:
“Sé que esta relación no me hace bien.”
“Sé que debería poner límites.”
“Sé que no tendría que sentirme culpable.”
“Sé que aquello que ocurrió hace años ya debería estar superado.”
Pero otra cosa es comprobar qué sucede cuando pronunciamos esas palabras y nos detenemos a sentirlas.
A veces aparece tristeza, o enfado, o miedo, o simplemente una sensación de alivio.
Y otras veces no aparece nada evidente. También eso puede ser significativo.
Cuando aparece una emoción que estaba intentando no sentir
En algunas ocasiones, prestar atención al cuerpo hace que aparezca una emoción que llevaba tiempo intentando ocupar su espacio.
Una persona puede estar hablando tranquilamente de una situación y, cuando le pregunto qué está sintiendo mientras la cuenta, notar que se le cierra la garganta o que los ojos se le llenan de lágrimas.
No siempre sabemos inmediatamente por qué.
Y no es necesario encontrar una explicación en ese mismo instante.
A veces lo importante es poder quedarse un momento ahí y descubrir qué ocurre cuando, en lugar de apartar esa sensación, le prestamos atención.
No siempre necesitamos entenderlo todo
Esta es quizá una de las cosas que más me interesa del trabajo corporal en terapia.
Nuestra tendencia habitual es querer entender.
¿Por qué estoy así?
¿Por qué hago esto?
¿Por qué no puedo cambiar?
¿Por qué me afecta tanto?
Buscar respuestas puede ser útil, pero hay momentos en los que seguir pensando nos aleja precisamente de aquello que estamos intentando comprender.
A veces es más interesante detenerse y preguntar:
¿Qué está pasando ahora mismo en mí?
Y esperar.
Sin buscar inmediatamente una explicación.
Cuando la persona empieza a darse cuenta
En ocasiones, después de varias sesiones trabajando de esta manera, empiezan a aparecer pequeños cambios.
La persona reconoce antes que está llegando a su límite.
Se da cuenta de que está tensando el cuerpo cuando intenta agradar a alguien.
Identifica que siente miedo antes de decir que no.
Percibe que algo le incomoda aunque todavía no sepa explicar exactamente qué.
Y esa conciencia se convierte en una herramienta importante fuera de la consulta.
Porque el objetivo no es aprender a identificar sensaciones solamente durante una sesión. Es ir desarrollando una mayor capacidad para darse cuenta de lo que nos ocurre mientras estamos viviendo nuestra vida.
Escuchar el cuerpo no significa dejar de pensar
No se trata de elegir entre la cabeza y el cuerpo.
Pensar, comprender y poner palabras a lo que nos ocurre también forma parte del proceso terapéutico.
Pero hay ocasiones en las que necesitamos dejar de buscar respuestas durante un momento y permitirnos experimentar lo que está ocurriendo.
Desde mi manera de entender la Terapia Gestalt, ese contacto con la experiencia presente puede abrir una puerta diferente.
Y a veces, cuando dejamos de intentar explicar lo que sentimos y nos permitimos sentirlo, empezamos a comprender cosas que hasta entonces solo podíamos pensar.
Como terapeuta gestalt en Barcelona o en sesiones de terapia online, te puedo acompañar:
Sobre mí
Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.
Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.
Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.