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Las dudas que más escucho antes de empezar terapia

Joan Moreno i Maurel
7 de agosto de 2026
dudas antes de empezar terapia

Decidir empezar una terapia no siempre es fácil. Muchas personas pasan bastante tiempo pensando si deberían pedir ayuda, si lo que les ocurre es suficientemente importante o si realmente la terapia puede servirles.Y cuando finalmente dan el paso y contactan con un terapeuta, pueden aparecer nuevas dudas: qué tendrán que contar, qué se espera de ellos, si se sentirán cómodos, …A lo largo de mi experiencia como terapeuta Gestalt en Barcelona y en terapia online, hay algunas preguntas que se repiten con bastante frecuencia. Algunas se formulan directamente y otras aparecen de una manera más indirecta, pero casi siempre tienen que ver con el miedo a no saber hacerlo “bien” en terapia.

Estas son algunas de las dudas que más escucho.

Si quieres iniciar terapia o tienes dudas, puedes contactar conimgo:

 

“¿Y si no sé qué decir?”

Hay personas que creen que deberían llegar a la primera sesión de terapia con una explicación clara de lo que les ocurre, saber exactamente qué quieren trabajar o incluso tener preparada una especie de historia de su vida.

No es necesario.

La terapia no es un examen y no espero que una persona llegue sabiendo qué le pasa. Podemos empezar precisamente desde un “no sé qué me ocurre”, “no sé por dónde empezar” o “sé que no estoy bien, pero no sé explicarlo”.

A veces, ese no saber ya es una parte importante de lo que está ocurriendo.

 

“¿Tengo que contarle todo en la primera sesión?”

Tampoco.

Una primera sesión de terapia no consiste en contar de golpe toda la historia personal. Cada persona tiene su propio ritmo y decide qué quiere compartir y cuándo quiere hacerlo.

Para mí es importante que la persona pueda ir sintiéndose segura en el espacio terapéutico. La confianza no aparece porque durante la primera sesión de terapia se cuenten muchas cosas; se va construyendo progresivamente.

No hay una lista de temas que haya que explicar obligatoriamente ni una cantidad determinada de información que el paciente tenga que aportar.

 

“¿Tengo que estar muy mal para ir a terapia?”

No.

Esta es una idea que todavía encuentro con frecuencia: que hay que esperar a estar realmente desbordado para pedir ayuda.

Pero no es necesario llegar al límite.

Una persona puede acudir a terapia porque lleva tiempo sintiéndose insatisfecha, porque repite determinados patrones en sus relaciones, porque tiene dificultades para poner límites, porque se siente perdida o porque simplemente quiere comprenderse mejor.

No hace falta esperar a que el malestar sea insoportable para empezar a prestarle atención.

 

“¿Cómo sé si realmente necesito terapia?”

No siempre es fácil responder a esta pregunta.

Una señal puede ser que una situación lleve tiempo generando sufrimiento y que, a pesar de los esfuerzos realizados, resulte difícil modificarla.

También puede ser que una persona se encuentre repitiendo una y otra vez los mismos problemas: conflictos de pareja, ansiedad, dificultad para poner límites, inseguridad, dependencia emocional o una sensación persistente de no estar viviendo como quisiera.

Pero no creo que exista una prueba que determine quién “necesita” terapia y quién no. Lo que sí sé es que la terapia es muy beneficiosa para todas las personas en tanto que es un espacio seguro y sin juicio en el que puedes ocuparte de ti a nivel emocional, concerte más y crecer como persona.

 

“¿Tengo que venir todas las semanas?”

Tampoco existe una frecuencia que sirva para todos los casos.

En muchos procesos la frecuencia semanal puede ser útil, especialmente al principio, porque permite mantener una cierta continuidad y profundizar en lo que está ocurriendo.

Pero la frecuencia puede variar dependiendo de las circunstancias de cada persona y del momento del proceso.

Lo importante es encontrar un ritmo que permita trabajar y que, al mismo tiempo, sea sostenible.

 

“¿Y si me pongo a llorar?”

Esta preocupación es más frecuente de lo que puede parecer.

A algunas personas les preocupa emocionarse delante de alguien a quien acaban de conocer. Otras temen quedarse bloqueadas, perder el control o no saber cómo reaccionar si aparece el llanto.

Pero llorar en terapia no significa que algo haya ido mal.

Las emociones forman parte de aquello que llevamos a consulta y, en ocasiones, pueden aparecer precisamente cuando estamos acercándonos a algo importante. No es necesario evitar el llanto ni sentirse mal por emocionarse.

 

“¿Y si no conecto con el terapeuta?”

Esta es una duda que considero especialmente legítima.

La relación entre terapeuta y paciente tiene una importancia considerable en cualquier proceso terapéutico. No todos los terapeutas encajan con todas las personas, y eso no significa que haya nada malo en ninguna de las dos partes.

Por eso creo que una primera sesión de terapia también sirve para comprobar cómo te sientes con el terapeuta.

¿Puedes hablar con cierta libertad? ¿Te sientes escuchado? ¿Notas que puedes ser tú mismo? ¿Hay algo de confianza?

No se trata únicamente de valorar los conocimientos o la experiencia profesional del terapeuta. También es importante cómo te sientes en ese espacio.

 

“¿Tengo que saber cuál es mi problema?”

No.

Hay personas que llegan diciendo: “Tengo ansiedad”, “no estoy bien con mi pareja” o “llevo meses triste”. Pero también hay personas que simplemente sienten que algo no funciona y no saben ponerle nombre.

No considero que sea responsabilidad del paciente llegar a terapia con un diagnóstico o con una explicación cerrada.

Precisamente una parte del proceso consiste en explorar juntos qué está pasando, cómo lo estás viviendo y qué sentido tiene para ti.

 

“¿Cuánto dura una terapia?”

Es una pregunta muy comprensible y no existe una respuesta única.

Hay personas que buscan ayuda por una dificultad concreta y pueden necesitar un proceso relativamente breve. Otras descubren durante la terapia que existen aspectos más profundos de su manera de relacionarse consigo mismas o con los demás que quieren explorar.

Por eso prefiero no establecer de antemano una duración idéntica para todo el mundo.

El proceso se puede ir revisando a medida que avanza: qué está ocurriendo, qué cambios se están produciendo y qué necesita la persona en cada momento.

 

“¿El terapeuta me va a decir lo que tengo que hacer?”

Algunas personas esperan que la terapia consista en recibir respuestas: qué deberían hacer con su pareja, si deberían dejar un trabajo, cómo deberían comportarse con su familia o qué decisión sería la correcta.

Pero la terapia no consiste necesariamente en que otra persona decida por ti.

Desde mi manera de trabajar desde la terapia Gestalt, me interesa especialmente acompañar a la persona a comprender mejor qué le está pasando, qué necesita, qué siente y qué posibilidades tiene delante.

No se trata de decirle cómo debe vivir, sino de ayudarle a poder tomar sus propias decisiones con mayor conciencia.

 

“¿Y si descubro cosas que no quería descubrir?”

Esta duda puede aparecer cuando alguien tiene miedo de que la terapia remueva demasiado.

Es verdad que un proceso terapéutico puede llevarnos a lugares incómodos. Podemos descubrir aspectos de nosotros mismos que no habíamos visto, reconocer necesidades que llevábamos tiempo ignorando o darnos cuenta de que determinadas formas de relacionarnos ya no nos sirven.

Pero descubrir algo no significa necesariamente que tengamos que resolverlo todo inmediatamente.

La terapia también consiste en poder acercarnos progresivamente a aquello que resulta difícil, respetando el ritmo de cada persona.

 

“¿Y si me da vergüenza contar algunas cosas?”

La vergüenza puede ser un obstáculo importante para pedir ayuda.

A veces pensamos que aquello que nos ocurre es demasiado raro, demasiado egoísta, demasiado doloroso o incluso que dice algo malo sobre nosotros.

Pero precisamente poder hablar de aquello que cuesta mostrar puede formar parte del proceso terapéutico.

No es necesario contar algo antes de sentirse preparado. La confianza se va construyendo y, con ella, también puede cambiar la manera en que nos relacionamos con aquello que nos avergüenza.

 

“¿Tengo que contarle al terapeuta cosas que no quiero contar?”

No.

El hecho de acudir a terapia no significa renunciar a los propios límites.

Hay temas que pueden necesitar tiempo antes de poder ser hablados y no considero que forzar ese proceso sea necesariamente útil.

La terapia debería ser un espacio en el que puedas ir decidiendo qué quieres compartir y cuándo estás preparado para hacerlo.

 

La primera sesión de terapia no tiene que ser perfecta

Quizá esta sea la idea que más me gustaría transmitir a alguien que está pensando en empezar terapia.

No tienes que saber qué decir. No tienes que tener claro cuál es tu problema. No tienes que contar toda tu historia. No tienes que saber cuánto tiempo vas a necesitar terapia y tampoco tienes que llegar con las ideas ordenadas.

La primera sesión de terapia puede ser simplemente un primer encuentro para conocernos, explicar qué te está llevando a buscar ayuda y empezar a explorar qué necesitas.

A partir de ahí, iremos viendo si tiene sentido comenzar un proceso terapéutico y cómo hacerlo.

Y quizá una de las cosas más importantes sea precisamente esta: no tienes que saber cómo hacer terapia antes de empezar terapia.

 

Como terapeuta gestalt en Barcelona o en sesiones de terapia online, te puedo acompañar:

 

Sobre mí

Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.

Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.

Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.

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