En terapia hay personas que hablan con facilidad de lo que les sucede. Explican sus problemas, reflexionan sobre sus relaciones, identifican situaciones que les hacen sentir mal e incluso reconocen patrones que se repiten en sus vidas. Sin embargo, cuando les propongo explorar alguna de esas cuestiones de una manera diferente, más allá de la conversación habitual, algo cambia. A veces aceptan la propuesta, pero enseguida vuelven a analizar lo que les ocurre. Otras veces, la conversación se desvía hacia otro asunto y terminamos hablando de nuevo de sus problemas. Y, en algunas ocasiones, prefieren no hacer aquello que les propongo.No siempre sucede de forma consciente, y obviamente no significa que no quieran avanzar en su proceso terapéutico. Pero sí me parece interesante detenernos a observar qué ocurre en esos momentos.
Como terapeuta gestalt en Barcelona o en sesiones de terapia online, te puedo acompañar:
Comprender lo que te pasa no es lo mismo que experimentarlo
Nuestra mente tiene una gran capacidad para analizar, buscar explicaciones y encontrar respuestas. Comprender por qué nos comportamos de determinada manera, de dónde pueden venir nuestras inseguridades o qué situaciones nos hacen sentir mal puede ser muy valioso.
El problema aparece cuando nos quedamos únicamente ahí.
Podemos saber que nos cuesta expresar lo que sentimos, entender que tenemos miedo al rechazo o reconocer que repetimos determinadas dinámicas en nuestras relaciones. Pero una cosa es comprenderlo intelectualmente y otra muy distinta es entrar en contacto con lo que experimentamos cuando eso sucede.
Por ejemplo, una persona puede explicar perfectamente por qué le cuesta decir que no. Puede reconocer que teme decepcionar a los demás y que suele anteponer sus necesidades a las propias. Sin embargo, cuando intenta imaginarse expresando una negativa, puede aparecer la culpa, el miedo o una sensación de incomodidad que no había surgido mientras hablaba del tema.
Es en ese momento cuando podemos descubrir aspectos de nuestra experiencia que no siempre aparecen a través del análisis.
Y es que, aunque la mente nos ayuda a comprender muchas cosas, también puede llevarnos a dar vueltas sobre lo mismo, buscar justificaciones o mantener cierta distancia respecto a lo que sentimos.
A veces, pensar y explicar se convierten en una forma de no entrar del todo en contacto con nuestra experiencia.
¿Por qué nos cuesta salir de lo conocido?
No siempre es fácil permitirnos experimentar algo diferente. Hablar de nuestros problemas desde cierta distancia puede resultar más cómodo que detenernos a sentir lo que nos sucede.
Cuando analizamos una situación, podemos organizarla, encontrar explicaciones y mantener cierto control sobre ella. En cambio, cuando nos acercamos a una emoción, exploramos una sensación corporal o nos permitimos expresar algo que habitualmente callamos, podemos encontrarnos con experiencias que no sabemos muy bien cómo manejar.
Puede aparecer desconcierto, vergüenza, miedo, alguna emoción que no esperábamos o simplemente la sensación de no saber qué hacer.
En ocasiones, la mente interviene rápidamente: empezamos a explicar lo que estamos sintiendo, buscamos una interpretación o volvemos a hablar de las circunstancias que nos han llevado hasta allí. De esta manera, regresamos a un terreno que conocemos mejor.
No significa que lo hagamos deliberadamente ni que haya algo malo en nosotros por reaccionar así. Es una forma de responder ante una experiencia que puede resultar incómoda o desconocida.
Sin embargo, si siempre volvemos al mismo lugar, quizá nos resulte más difícil descubrir otras maneras de relacionarnos con lo que nos ocurre.
¿Qué puede aportar una experiencia diferente en terapia?
Desde la terapia Gestalt, no trabajamos únicamente a través de la conversación y la reflexión. También podemos proponer experiencias que nos ayuden a observar qué sucede en nosotros mientras hablamos de algo, recordamos una situación o exploramos una dificultad.
El objetivo no es dejar de pensar ni dar menos importancia a lo que la persona cuenta. Se trata de ampliar la exploración, incorporando también las emociones, las sensaciones corporales y lo que ocurre en el momento presente.
En ocasiones, una persona puede hablar durante bastante tiempo de una situación sin llegar a identificar qué siente realmente ante ella. Al detenernos y prestar atención a su experiencia, puede aparecer una emoción, una necesidad o un conflicto que hasta entonces habían quedado en un segundo plano.
Otras veces, al explorar una situación de una manera diferente, la persona descubre que lo que pensaba que le ocurría no coincide del todo con lo que experimenta.
Por eso, en mi manera de entender la terapia, doy importancia a lo que la persona explica, pero también (y quizá más) a lo que siente, a cómo lo expresa y a lo que sucede cuando se permite experimentar algo de una forma diferente.
La mente puede ofrecernos explicaciones muy convincentes sobre nosotros mismos. Sin embargo, no siempre reflejan toda nuestra experiencia. A veces, incluso nos ayudan a mantenernos alejados de aquello que nos resulta difícil reconocer.
Comprender lo que nos sucede es importante, pero también necesitamos poder entrar en contacto con ello.
Avanzar también implica permitirse explorar
Cuando propongo una experiencia en sesión, no espero que la persona la haga de una manera determinada ni que llegue a una conclusión concreta. Tampoco considero que aceptar todas las propuestas sea una condición para que la terapia funcione.
Cada persona tiene su ritmo, y es importante respetarlo. Además, la propia reticencia ante una propuesta puede ser algo interesante que explorar, en lugar de algo que haya que vencer.
Pero creo que también es importante mantener cierta apertura a probar otras maneras de acercarnos a lo que nos sucede, especialmente cuando llevamos tiempo hablando de las mismas dificultades sin encontrar nuevas posibilidades.
A veces, el paso que necesitamos dar no consiste en comprender mejor nuestro problema, sino en atrevernos a experimentarlo de otra manera.
Quizá sea permitirnos sentir una emoción que solemos evitar, expresar algo que normalmente callamos o prestar atención a una reacción que hasta entonces habíamos pasado por alto.
No sabemos de antemano qué descubriremos. Precisamente por eso, puede ser interesante darnos la oportunidad de explorar.
Porque, en ocasiones, salir de lo conocido no significa tener que hacer algo extraordinario. Significa dejar de responder automáticamente como siempre lo hacemos y permitirnos descubrir qué más hay ahí.
Y quizá ese sea uno de los aspectos más interesantes de la terapia: no solo comprender por qué somos como somos, sino abrirnos a descubrir otras maneras de estar y relacionarnos en el mundo.
Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.
Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.
Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.