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Las expectativas sobre la terapia que más me encuentro

Joan Moreno i Maurel
3 de octubre de 2026

expectativas sobre la terapia

 

Con el tiempo he ido observando que muchas personas llegan a terapia con una idea bastante concreta de lo que esperan que ocurra durante el proceso.A veces esa expectativa se expresa directamente:“¿Cuándo empezaré a notar cambios?”

“¿Tendré que pasarlo mal para mejorar?”

“¿Esto va a cambiar realmente o voy a estar hablando de lo mismo durante meses?”

Y es que, aunque cada proceso terapéutico es diferente, hay algunas expectativas que me encuentro con bastante frecuencia.

Como terapeuta gestalt en Barcelona o en sesiones de terapia online, te puedo acompañar:

 

“Notaré una mejoría enseguida”

Una expectativa bastante habitual es pensar que, una vez empezamos terapia, deberíamos empezar a notar cambios relativamente pronto.

Y es comprensible. Cuando llevamos tiempo encontrándonos mal, queremos que las cosas cambien cuanto antes.

Pero un proceso terapéutico no siempre produce cambios visibles desde las primeras sesiones. A veces sí ocurre, pero otras veces necesitamos un tiempo para entender qué está pasando y empezar a experimentar otras formas de relacionarnos con ello. Y muchas veces el cambio necesita de un proceso corporal y emocional, que lleva más tiempo. Es decir, no siempre des de la mente podemos avanzar, el cuerpo y las emociones tienen otro ritmo.

También puede suceder que al principio parezca que no estamos avanzando y, más adelante, nos demos cuenta de que algo ha cambiado: reaccionamos de otra manera ante una situación, nos damos cuenta antes de lo que sentimos o hacemos algo que anteriormente nos resultaba muy difícil.

 

“Si quiero cambiar, tendré que sufrir”

Esta expectativa aparece especialmente cuando hay experiencias dolorosas que la persona lleva tiempo evitando.

Puede existir la idea de que para superar algo primero tendremos que volver a pasar por todo aquello, revivirlo intensamente y sufrir durante las sesiones. Pero no es así muchas veces.

En terapia podemos acercarnos a experiencias difíciles, pero también podemos observar cómo las vivimos actualmente, qué hacemos cuando aparecen determinados recuerdos o emociones y qué lugar siguen ocupando en nuestra vida.

A veces trabajar algo doloroso implica llorar o sentir emociones intensas. Otras veces consiste en poder hablar de algo que hasta entonces resultaba imposible, darse cuenta de algo o experimentar una situación de una manera diferente.

 

“Cuando empiece a entender lo que me pasa, dejaré de hacerlo”

También es frecuente pensar que comprender el origen de algo será suficiente para cambiarlo.

Una persona puede saber perfectamente que tiende a callarse para evitar conflictos y, aun así, seguir callándose cuando aparece una situación que le activa.

Puede saber que necesita poner límites y continuar sintiendo culpa cada vez que lo intenta.

Por eso, en terapia, no es suficiente con entender intelectualmente lo que ocurre. También resulta importante poder observar cómo aparece en el presente: qué sentimos, qué hacemos, qué evitamos, etc…

 

“Cuando esté mejor, ya no volveré a sentirme así”

Otra expectativa bastante habitual es imaginar la mejoría como un punto al que llegaremos y a partir del cual determinados malestares desaparecerán definitivamente.

Pero estar mejor no significa dejar de tener dificultades, enfadarnos, sentir miedo, tristeza, inseguridad o volver a encontrarnos con situaciones que nos desbordan. Lo que puede cambiar es nuestra manera de relacionarnos con aquello que nos sucede.

Quizá una situación que antes nos llevaba a aislarnos durante días ahora podamos hablarla. Quizá sigamos sintiendo miedo, pero podamos reconocerlo sin dejar que decida por nosotros.

El cambio no siempre consiste en dejar de sentir algo, a veces consiste en poder vivirlo de otra manera.

 

“El terapeuta debería saber exactamente qué me pasa”

Hay personas que esperan que el terapeuta tenga rápidamente una explicación para todo.

Que identifique por qué se comportan de determinada manera, de dónde viene un problema o qué es exactamente lo que deberían cambiar.

Pero una persona no es un problema que haya que descifrar.

En mi manera de entender la terapia, el conocimiento del terapeuta no sustituye al conocimiento que la propia persona tiene de sí misma.

Yo puedo observar, preguntar, señalar algo que estoy viendo o proponer una experiencia. Pero también necesito descubrir junto a la persona qué significado tiene eso para ella.

 

“La terapia debería hacerme sentir bien”

Esta quizá sea una de las expectativas más difíciles de desmontar.

Es lógico esperar que la terapia ayude a encontrarnos mejor. Pero eso no significa que todas las sesiones vayan a terminar con una sensación agradable.

Puede aparecer tristeza, enfado, frustración o incluso cierta incomodidad al darte cuenta de algo que no querías ver.

Eso no significa que la sesión haya ido mal.

Hay momentos para profundizar y momentos para parar. Y parte del trabajo consiste también en aprender a reconocer qué necesitamos en cada momento.

 

“Si estoy haciendo terapia, debería estar haciendo todo bien”

Otra expectativa que encuentro es que algunas personas convierten la propia terapia en una nueva exigencia.

Empiezan a observarse constantemente, intentan aplicar todo lo hablado, quieren reaccionar siempre de una manera diferente y pueden frustrarse cuando vuelven a hacer aquello que querían cambiar.

Cambiar no significa hacerlo todo correctamente a partir de ahora.

Precisamente, muchas veces resulta interesante observar qué ocurre cuando volvemos a reaccionar como siempre: qué lo ha provocado, qué hemos sentido, qué necesitábamos y qué hemos intentado evitar.

Una recaída en un patrón no borra el trabajo realizado.

 

“La terapia debería darme respuestas”

Quizá esta sea la expectativa más comprensible de todas. 

Cuando estamos sufriendo, queremos saber qué hacer.

Pero muchas veces el proceso terapéutico no consiste en encontrar rápidamente una respuesta, sino en poder formular mejor las preguntas.

¿Qué quiero realmente?

¿Qué estoy haciendo para evitar sentir esto?

¿Qué necesito de esta relación?

¿Qué parte de mí está intentando protegerme?

¿Qué pasaría si hiciera algo diferente?

No siempre salimos de una sesión con una solución.

A veces salimos viendo con un poco más de claridad algo que antes estaba confuso. Y desde ahí podemos empezar a relacionarnos de otra manera con lo que nos ocurre.

 

La terapia no siempre se parece a lo que imaginamos

Creo que una de las cosas interesantes de empezar un proceso terapéutico es precisamente descubrir que no existe una manera única de hacerlo.

Habrá sesiones en las que hablaremos mucho y otras en las que quizá una experiencia, una emoción o incluso un silencio tenga más importancia que las palabras.

Habrá momentos de comprensión y momentos de confusión.

Momentos en los que notemos cambios y otros en los que parezca que no avanzamos.

Y habrá temas que podremos abordar directamente y otros a los que necesitaremos acercarnos poco a poco.

Por eso, más que intentar cumplir una idea previa de cómo debería ser la terapia, para mí tiene sentido ir descubriendo qué necesita ese proceso concreto en cada momento, y en cada sesión.

 

Sobre mí

Soy Joan Moreno i Maurel. Acompaño a personas que están atravesando momentos de dificultad, que quieren comprender mejor lo que les ocurre o que desean iniciar un proceso de autoconocimiento y cambio.

Mi propia experiencia con la Terapia Gestalt tuvo un papel importante en mi manera de entender la terapia. Para mí, acompañar no consiste en dar respuestas o decirle a alguien cómo debería vivir, sino en ayudarle a descubrir, desde su propia experiencia, qué necesita y cómo quiere estar en su vida.

Si quieres conocerme un poco mejor y saber cómo entiendo y trabajo la Terapia Gestalt, puedes visitar mi página Sobre mí.

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