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Autoconocimiento y Gestalt

Joan Moreno i Maurel
4 de marzo de 2023

Hablar de Gestalt es hablar de autoconocimiento. Para poder avanzar en tu proceso terapéutico necesitas investigarte, mirarte en el espejo con mirada curiosa y amorosa, para poder aceptar todo lo que ves y hacerte cargo de ello, apoyándote en tu terapeuta (y si estás en un grupo, también con el apoyo de tus compañeros y compañeras).

Muchos de los conflictos que tenemos en nuestras relaciones sociales son causados por un desconocimiento propio que impide que seamos conscientes de cómo actuamos realmente con los demás. 

Este desconocimiento de uno mismo hace que no seamos tampoco realmente conscientes de cómo actuamos con nosotros mismos. A menudo tenemos un concepto equivocado de nosotros mismos que no encaja con el comportamiento que nos atribuyen los demás. Esto genera muchos conflictos en el ámbito social y personal.

Recuerdo cómo me di cuenta de aspectos de mí gracias a poner atención y dar valor a lo que los demás decían de mí, desde la humildad y autocrítica. A veces cuesta asumir ciertos aspectos de nosotros mismos y directamente los negamos. La Gestalt me ha ayudado a estar abierto a cuestionarme, y si algo no me gusta de mí, el primer paso es aceptarlo para luego poder ocuparme de ello desde el amor hacia mí mismo. El ego es como un caballo salvaje que no se deja dominar fácilmente.

“La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo, puedo cambiar.”

Carl Rogers. 

 

Creo firmemente en el crecimiento personal, y sólo es posible si parto de un conocimiento real de lo que soy, de cómo soy, y no partiendo de un “ideal” de cómo creo que soy (un ideal que realmente me puedo llegar a creer por no haberme observado suficientemente). Ser capaz de distinguir esto, es decir saber quién soy realmente, cómo actúo, desde dónde actúo, con qué finalidad lo hago, me permite corregir comportamientos que no quiero en mí y me facilita la relación con el entorno.

 

Máscaras

Todos tenemos máscaras que usamos en determinados momentos, y una vez más, la Gestalt nos ayuda a identificarlas para ser conscientes de cómo actuamos realmente y poder entonces actuar de manera más auténtica, más fiel a cómo realmente somos o queremos ser. Puede ser que tengas claras tus máscaras o incluso tu rol en la vida, ese rol que has adoptado en tus relaciones, o en algunas de ellas. Se trata de ver ¿para qué lo haces?, ¿qué finalidad buscas?. Es decir, ¿realmente quieres ser o actuar así? Quizá te darás cuenta que te has acostumbrado a “ir por la vida” de determinada forma y sientes que no es realmente auténtica, que te gustaría hacer algo distinto. A lo mejor identificas el motivo por el cual empezaste a usar esa máscara o ese rol e identificas que no es sano para ti. Es posible que identifiques qué comportamiento es más auténtico en ti y entonces la pregunta es: ¿Por qué actúo de otra forma? o como sabemos que es más útil en Gestalt, preguntarnos el ¿Para qué? ¿Qué finalidad tiene nuestro comportamiento?

 

Polaridades

En Gestalt hablamos de las polaridades, por ejemplo: bueno-malo, generoso-egoísta, fuerte-débil, amable-antipático, víctima-verdugo, etc … Normalmente nos identificamos más con un extremo de cada polaridad, hasta el punto de poder llegar a negar la otra en nosotros. Por ejemplo, yo puedo decir que soy generoso y realmente creer que no soy egoísta. En este caso, para mí ser generoso habrá terminado siendo un rol que me he creído. Si me observo, veré que puedo ser generoso y a la vez ser egoísta en determinados momentos. Eso ocurre con cualquier otra polaridad. Cuando rechazamos una de las polaridades empobrecemos nuestra experiencia ya que nos posicionamos en un sólo extremo, llegando incluso a hacerlo de forma neurótica, impidiendo así disfrutar de los beneficios que nos puede facilitar explorar también la otra polaridad

Fritz Perls, en su obra Yo, hambre y agresión plantea la base de la teoría gestáltica de las polaridades, que no es otra que lo que definió Friedlander:

Todo evento se relaciona con un punto cero a partir del cual se realiza una diferenciación en opuestos. Estos opuestos manifiestan, en su concepto específico, una gran afinidad entre sí. Al permanecer atentos al centro, podemos adquirir una capacidad creativa para ver ambas partes de un suceso y complementar una mitad incompleta. Al evitar una visión unilateral logramos una comprensión mucho más profunda de la estructura y función del organismo.

 

Introyectos

¿Todo aquello en lo que creo es realmente mío? ¿Cuántas de mis creencias son heredadas de mi familia o personas influyentes en mi vida y no me he parado a cuestionarme si realmente creo en ellas de verdad? Este ejercicio puede ser muy revelador. Te puedes dar cuenta que tu padre, o tu madre, o ambos, o tus abuelos, o hermanos, o alguien que no era de tu familia, pero que fue importante para ti, pusieron en ti, o tú te hiciste tuyo, algo suyo que no llegaste nunca a cuestionar si es algo que realmente quieres o es algo en lo que realmente crees.

Me viene el famoso ejemplo de la manzana. ¿Verdad que no te tragarías una manzana sin masticar? Pues con los introyectos pasa algo parecido, te has tragado algo de otro sin masticarlo. Se trata pues de que pienses qué introyectos puede haber en ti y masticarlos para comprobar si realmente es algo que quieres que forme parte de ti o no.

Descubriendo tus introyectos

Algunos introyectos son muy fáciles de detectar, y otros no. Hay introyectos muy evidentes que acostumbran a ser ya no sólo de tu familia sinó de toda una cultura, por ejemplo: Los hombres no lloran. Personalmente creo que es uno de los que más daño ha hecho y sigue haciendo en todos nosotros, hombres y mujeres. Que un hombre se avergüence de llorar es culpa de este introyecto. 

Otros introyectos pueden ser más sutiles, quizá no se han verbalizado como tal, pero estaban allí. Por ejemplo, si en tu familia tu padre, madre, hermanos mayores, todos han estudiado una carrera y han ejercido sus profesiones derivadas de ellas con éxito, hay un introyecto “indirecto” que te está diciendo que para encajar en tu familia, para hacer “lo correcto”, tengo que estudiar una carrera.

Podría seguir hablando mucho más de los introyectos, pero en este artículo solo quería dar una pincelada, ya habrá tiempo en futuros artículos para ahondar en ellos.

 

La mirada

Los ojos miran hacia afuera, y nos olvidamos de nosotros mismos con demasiada facilidad. La humildad es nuestro mejor aliado para vivir feliz y en paz con los demás y con nosotros mismos. Sí, todos los cambios deben empezar en uno mismo, es a quien debes mirar en primer lugar, a ti mismo. Por ejemplo, aunque puede parecer una frase muy típica, es totalmente cierto que no puedes esperar que te quieran sanamente si tú no te quieres a ti mismo. Parece obvio ¿verdad?, pero es igualmente obvio que, aun sabiéndolo, a veces sentimos que necesitamos el amor de los demás para ser felices, y sí, es cierto que somos seres sociales y es normal que queramos sentir el amor de los demás, pero a veces nuestra necesidad llega a ser neurótica y podemos darnos cuenta que hemos olvidado eso tan obvio de "no puedes esperar que te quieran sanamente si tú no te quieres a ti mismo", o peor todavía, que no nos demos cuenta que lo hemos olvidado y estemos mendigando un amor a otro que tenemos que darnos a nosotros mismos. Es decir, conocer aquello que es sano para nosotros no implica quedar libres de la posibilidad de hacer pasos en falso o tomar un camino equivocado en nuestro andar por la vida, por eso es importante tener presente el volver la mirada hacia nosotros mismos a menudo, para ver si tenemos que redirigir nuestros pasos hacia un camino beneficioso para nuestro bienestar, respetando a la vez a los demás.

Cuando nos olvidamos de, metafóricamente, cerrar los ojos para llevar la mirada hacia nosotros mismos y nuestro mirar se centra en lo que hay afuera, podemos caer en el error de quedar demasiado influenciados por unas inercias nocivas comunes en el comportamiento humano, que sólo nos llevan a vivir en una permanente fantasía, en vez de vivir en la realidad, que sólo puede encontrarse en el presente más inmediato y efímero, la realidad es sólo aquí y ahora, tu realidad, tu aquí y ahora.

Autoconocimiento desde tu presente y con la Gestalt

Estar atentos a ser conscientes de lo que vivimos en cada momento, de cómo lo vivimos y cómo lo gestionamos, con actitud autocrítica, facilitará nuestro autoconocimiento y al mismo tiempo nos situará en el presente, que es el único lugar donde ocurren nuestras vidas

Jiddu Krishnamurti (1895-1986) dijo:

“Debemos observar y ver por nosotros mismos lo que realmente somos […] conocernos a nosotros mismos. Se ha dicho que el conocimiento de uno mismo es la más alta sabiduría, pero pocos lo hemos logrado. No tenemos la paciencia, la intensidad o la pasión para averiguar lo que somos. Tenemos la energía, pero hemos transferido esta energía a otros, y por eso necesitamos que nos digan lo que somos.”

El “yo”, el único individuo del que nunca debemos dejar de buscar toda la verdad, la definición de cómo somos está sólo en nosotros. A quien tenemos que querer conocer más es a nosotros mismos y, de hecho, ya es así, como se suele decir en Gestalt, nadie conoce más al cliente que él mismo, el terapeuta no sabe más del cliente que él mismo, pero quizá el cliente necesita que se lo recuerden y que tome así el papel activo necesario en la terapia, él es quien está trabajando, él es quien se está ocupando de sí mismo, el cliente no se pone en manos del terapeuta de forma pasiva, sumisa, como un alumno ante un maestro al que admira, sinó que se deja acompañar por el terapeuta en su propio camino de autoconocimiento y de trabajo personal, y poner consciencia en que nadie sabe tanto de él como él mismo, es el primer paso para este ejercicio de autoresponsabilidad que es hacer terapia Gestalt.

Krishnamurti y el autoconocimiento

Volviendo a Krishnamurti…

“[…] vivimos en aislamiento, puesto que aunque tengamos, mujer e hijos, existe un proceso autoaislante que está operando dentro de cada uno mismo. Aunque vivan juntos en la misma casa, la mujer, la amiga o el amigo, cada uno está realmente aislado, con sus propias ambiciones y temores y su propio sufrimiento. Vivir de esta forma se llama relación. Él tiene una imagen de ella y ella tiene una imagen de él, y cada uno tiene su propia imagen de sí mismo. La relación existente es entre estas imágenes, y ésta no es una relación verdadera.”

Aquí Krishnamurti nos habla de la relación entre imágenes, la nuestra, la de los demás, unidas en un juego de reglas confundidas e impuestas por el desconocimiento general.

Mi idea distorsionada de mí, más la idea distorsionada de ti, la que distorsiono yo, más la que distorsionas tú… y así vamos bailando en el baile de la vida, de nuestras vidas, descompasados, sin conocer nuestro ritmo, ni el mío, ni el tuyo, ¿Qué es tuyo? ¿Qué es mío? 

 

Krishnananda y el autoconocimiento

La casualidad ha querido que mientras repaso este artículo en el que cito a Khrisnamurti estoy leyendo a Krishnananda (la cosa va de "Krishnas"), y no puedo dejar de compartir un fragmento suyo en este artículo, en el que habla de las heridas emocionales y dice:

"Hay pocas situaciones que las provoquen de forma más poderosa que nuestras relaciones íntimas. Desencadenan nuestros sentimientos de celos, abandono y rechazo; nuestras heridas de incomprensión, falta de amor o de apoyo. Pero yo estoy convencido, de acuerdo con mi propia experiencia, que cuando llevamos la energía dentro y empezamos sinceramente a observarnos a nosotros mismos sucede la transformación. Ni siquiera tenemos que preocuparnos de desenterrar recuerdos del pasado o de la niñez, pues nuestras relaciones importantes traen consigo todos los patrones, todas las heridas, todo el material que necesitamos trabajar."

Usa tu mirada para mirarte, y hazlo con amor y haciéndote responsable a la vez de todo lo que eres. El alma se oscurece cuanto más miramos afuera.

La humilde autoobservación, con autocrítica y voluntad de mejora, nos llevará a un mayor conocimiento personal, caminando por un camino gratificante de paz interior y crecimiento.

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