En este artículo quiero compartir mi visión actual sobre mi rol de terapeuta gestalt en Barcelona. Digo actual porque entiendo la vida como un proceso de aprendizaje constante. Si bien siento que lo que voy a compartir en este artículo seguirá siendo una base constante en mi acompañamiento desde la terapia gestalt, el CÓMO irá cambiando, enriqueciéndome, a medida que mi aprendizaje vital y profesional me nutran con más recursos, más presencia, más intuición, nuevas habilidades en la relación terapéutica, mayor resonancia, etc…
Necesito y quiero remarcar la indisoluble relación entre aprendizaje vital y profesional que considero imprescindible para poder acompañar procesos terapéuticos y de crecimiento personal. Más allá de que me parece obvio que es necesario que un terapeuta haga su propio proceso personal y terapéutico para poder acompañar a otros a hacer el suyo, para mí es más que eso. Esta relación va directamente al núcleo de lo que es para mí la terapia gestalt.
Como suelo decir, la gestalt es terapia y mucho más. Es una manera de estar en tu vida, cada día. No es sólo un tipo de terapia para tratar aquello que supone un problema, dificultad, sufrimiento, en nuestras vidas y una vez “resuelto” olvidarse de ella. Para mí es una luz que marca el camino correcto para estar en tu vida de la forma más sana posible, siendo consciente que no hay nada permanente, ya que la vida, por definición, es cambio.
La mirada del terapeuta gestalt
Hago mías estas palabras de Joseph Zinker:
“Consideren a la persona en la forma en que mirarían una puesta de sol o una montaña. Reciban con placer lo que vean. Acepten a la persona por lo que ella es [...] es lo que harían con la puesta de sol. No es muy probable que ustedes digan: Esta puesta de sol debería ser más púrpura, o Esas montañas deberían ser más altas. Ustedes se limitarán a contemplar maravillados. Lo mismo sucede cuando me encuentro frente a otra persona.”
Es mi punto de partida. Cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles y no hay nada estropeado en nosotros que requiera ser arreglado.
La terapia gestalt y el crecimiento personal que conlleva es el proceso de sanar aquello que nos genera sufrimiento en algún grado. El autoconocimiento al que se llega a través de la terapia gestalt es la puerta de entrada a la sanación no sólo de nuestras heridas emocionales y de nuestras carencias, sinó también de algo más inconsciente incluso, que es cómo nosotros mismos hemos desarrollado mecanismos de interrupción (que son también habilidades) que condicionan el que podamos identificar y satisfacer de forma sana nuestras necesidades. Desarrollo estos conceptos en este artículo: el ciclo de la experiencia gestáltico.
El acompañamiento desde la terapia gestalt
Gracias al proceso de autoconocimiento, identifico lo que me ocurre, lo que me duele, lo que me falta, lo que me sobra, lo que no quiero, lo que quiero, lo que hago, como lo hago, para qué lo hago … y desde ahí, puedo encontrar mi manera de hacerme cargo.
Es un camino que puedo hacer acompañado, no tiene que ser un esfuerzo en solitario, ya que somos seres sociales que nos necesitamos los unos a los otros y además, el otro nos ayuda a conocernos más y mejor. Y ahí entra el rol del terapeuta gestalt. Acompaña, no dirige. Desde su experiencia del trabajo personal ya hecho y que sigue haciendo, desde esa actitud gestáltica ante la vida (la suya, y la de los demás), desde ese haber aprendido a bailar entre el YO-TÚ-NOSOTROS, ya que todo ocurre ahí, en esa relación.
Cada uno/a de nosotros/as somos de una manera y no de otra en función de los ajustes que hicimos de forma creativa para afrontar las situaciones en las que nos encontrábamos. Como seres sintientes que somos, buscamos el bienestar de forma consciente e inconsciente. De forma natural buscamos la comodidad, sentirnos queridos, pertenecer, sentirnos vistos, al mismo tiempo que evitamos el dolor y la incomodidad.
Gran parte de lo que interrumpe nuestro bienestar desde nuestras propias acciones se debe a aquello que hicimos en su momento para evitar algo doloroso o que nos daba miedo y que en la actualidad ya no es un comportamiento sano para nosotros mismos.
Lo que nos tiene que llevar a terapia, desde el amor hacia nosotros mismos, es la voluntad de dejar de sufrir, de trabajar aquello que nos genera malestar, aquello que nos hace daño, a nosotros o a los demás. La terapia gestalt ofrece un espacio seguro en el que vivir ese proceso.
La presencia del terapeuta gestalt
En terapia gestalt nos fijamos más en el CÓMO que en el QUÉ. Si lo llevamos a la relación terapéutica, sería diferenciar lo que está haciendo con su cliente (el QUÉ, es decir, una sesión de terapia) de CÓMO lo hace.
El terapeuta gestalt ofrece un espacio seguro y sin juicio, partiendo de la total aceptación hacia la persona que tiene delante, y con la mirada atenta a ayudar al máximo a su cliente a que pueda detectar sus comportamientos neuróticos y que pueda abrazar lo que ya está haciendo que es sano para él/ella. Te hablo en detalle de la neurosis en Neurosis y Gestalt.
La mirada amorosa del terapeuta es terreno fértil para que el propio cliente pueda tener esa misma mirada hacia sí mismo. Abrazar lo que hacemos que ya no nos sirve como una habilidad que en su día nos sirvió, facilita esa mirada amorosa tan necesaria para poder avanzar en nuestros procesos terapéuticos, vitales y de crecimiento personal.
Desde esa mirada sana y desde el acompañamiento, el terapeuta gestalt ayuda al cliente a que busque en sí mismo/a nuevas herramientas, nuevos comportamientos para sanar eso que le lleva al sufrimiento y malestar. El terapeuta gestalt no le dirá al cliente lo que tiene que hacer, sería partir de un “yo sé más que tú sobre ti” a la vez que infantilizaria al cliente.
El terapeuta gestalt se ha formado para tener unas herramientas para acompañar terapéuticamente, y suponen unas habilidades que le permiten desarrollar ese rol, pero eso no significa saber lo que tiene que hacer el cliente para resolver, transitar, sanar, lo que trae a terapia.
También es muy importante para mí (y para la terapia gestalt) no perdernos cuando estamos con el otro. Ni perderme en el otro ni perderme en mí mismo. Estar presente significa ser el hilo conductor de lo que sucede en la sesión de terapia. Desde mi presencia puedo acompañarte y te ayudo a que tú estés también presente en lo que está sucediendo aquí y ahora entre nosotros, con lo que me cuentas, con lo que experimentas. ¿Qué me ocurre a mí con lo que me cuentas? ¿Qué te ocurre a ti con lo que te digo? etc…
El terapeuta gestalt se presta como herramienta
Para estar presente hay que escucharse a sí mismo. Si en algo estamos entrenados en la terapia gestalt es en la escucha activa, del otro y de nosotros mismos.
Cuando el terapeuta gestalt está presente y atento con lo que a él/ella mismo/a le pasa con lo que le cuenta el cliente o con lo que le pasa al cliente, puede usar esta información para trabajar con el cliente. Esta presencia y atención se refiere especialmente a lo que sucede a nivel emocional y corporal. El cuerpo y la emoción no mienten, mientras que lo que nos explicamos con la mente no siempre es una información útil o directamente puede ser una interpretación que lejos de ayudar puede interrumpir la experiencia, tanto la propia del terapeuta, como la del cliente.
El vínculo terapéutico desde la terapia gestalt
Como seres sintientes que somos, nos vinculamos desde el cuerpo y la emoción. El amor, la compasión, la aceptación, el pertenecer, el ver y ser visto, etc … no se hacen desde la mente, todos estos aspectos relacionales los sentimos y los experimentamos a nivel emocional y corporal (¿o es que alguien puede abrazar con la mente?).
Según mi experiencia y la forma en la que trabajo, la terapia gestalt facilita el vínculo terapéutico, que es la base fundamental para que haya una relación terapéutica como tal.
Que mi terapeuta se muestre humano, abierto, compartiéndose, a mí me ha servido mucho para aceptarme más, y desde ahí mismo me nace compartirme con mis clientes, siempre que al hacerlo sienta que puede ser algo útil para la persona que tengo delante. Ese compartirme nace de la presencia, del seguir con la mirada en él/ella.
Para mí el vínculo es cercanía, y desde esa cercanía puedo ver más al otro y dejarme ver. Puedo sentir más al otro, sentirlo en mí. Me presto como herramienta terapéutica. Desde mi sentir le comparto lo que siento que puede serle de utilidad. El sentir tiene mucha más verdad que lo pensado, que incluye muchos filtros que son necesarios revisar constantemente, no sólo el cliente sinó también el terapeuta. Pero bueno, eso ya abriría el tema de la importancia de la supervisión de los terapeutas, que ya he mencionado en algún otro artículo.
Terapia Gestalt en Barcelona y Online
Para mí, la base de un buen terapeuta es aquella que cuenta con una buena dosis de empatía, presencia, compromiso, respeto, entrega, vocación y trabajo personal. Si a eso le sumamos todas las habilidades técnicas posibles, sin ningún lugar a dudas, la experiencia terapéutica será productiva para el cliente y, aunque no es el objetivo de la terapia, también lo será para el propio terapeuta.
Si quieres iniciar un proceso terapéutico y de crecimiento personal, te acompaño 🙂
Hago sesiones de terapia gestalt en Barcelona y también terapia online.