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Cuerpo y Terapia Gestalt

Joan Moreno i Maurel
21 de febrero de 2024

Es imposible hablar de todo lo que significa el concepto cuerpo en terapia gestalt en un sólo artículo, de modo que valga éste como una mera introducción que te puede servir para conocer un poco el trabajo corporal en la terapia gestalt.

El trabajo con el cuerpo es una de las características principales de la terapia gestalt. ¿Qué significa trabajar con el cuerpo? Trabajar con el cuerpo en terapia gestalt es tanto lo que los terapeutas enseñamos a hacer a aquellos que acuden a terapia como lo que, a la vez, hacemos con nosotros mismos, dentro y fuera de las sesiones de terapia.

El trabajo corporal no es sólo una herramienta terapéutica para el que acude a terapia sinó que es una parte imprescindible y fundamental también para el terapeuta para poder estar presente en cada sesión. En futuros artículos os hablaré acerca de la presencia del terapeuta, de la resonancia kinestésica, y mucho más.

 

El darse cuenta del cuerpo

Gran parte de los avances en terapia se deben a lo que experimentamos. En las sesiones se viven experiencias que nos llevan a los famosos “darse cuenta” de los que hablamos en la terapia gestalt, que suponen una nueva información que nos ayuda a sanar asuntos pendientes o a tener nueva información sobre nosotros mismos o de los demás (o del entorno en general) que nos facilitará un mayor conocimiento necesario para estar mejor en el mundo, en nuestro mundo, en el de nuestras vivencias.

Con la mente no experimentamos, la mente le da un significado a lo que experimentamos, a lo que sentimos, y eso lo hacemos con el cuerpo en su concepto más amplio. 

No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo.

 

Cuerpo, mente y emoción

La capacidad que tenemos de razonar es una habilidad maravillosa que nos define y nos diferencia como especie, y a la vez hace que, si nos dejamos llevar por ella, por la mente, nos olvidemos de nuestro cuerpo y hasta de nuestras emociones.

Cuando nos preguntan: “¿Cómo estás?” por inercia vamos a la mente a buscar la respuesta, o incluso simplemente decimos: “Bien”, aunque quizá no sea verdad.

¿Y si te digo que muchas veces la respuesta no está en la mente? La mente le da una explicación a lo que te pasa, pero la información para saber lo que te pasa muchas veces la tienes que buscar en tu cuerpo y en tus emociones. El darte cuenta de cómo estás es pre-mental, es el cuerpo quien te informa.

Para poner un ejemplo sencillo, si tienes frío no lo sabes por tu mente, es tu cuerpo que te ha informado, son sensaciones en tu piel que tu mente ha aprendido que significan que tienes frío y que para evitar esa sensación desagradable te tienes que abrigar.

La mente es muy rápida, las emociones y el cuerpo tienen otro ritmo, por eso tenemos que prestar atención para identificar la información que nos dan. Obviamente, a veces el cuerpo o las emociones se hacen muy presentes, no hay que “buscarlos”, pero a menudo, cuando esto pasa, es porque el cuerpo o la emoción ya está “gritando” porque no hemos sido capaces de escucharlos cuando “hablaban”.

 

Mensajes inconscientes de tu cuerpo

La atención en el cuerpo es también muy importante a nivel comunicativo. Cuando nos estamos comunicando con alguien en persona, la parte verbal representa solo el 10% (incluso menos), y la parte no verbal representa el 55% del mensaje que recibimos, el resto se corresponde con la parte paraverbal (el tono, el volumen, el ritmo, …). 

Si quieres más información te recomiendo un par de libros:

EL LENGUAJE DEL CUERPO: COMO INTERPRETAR A LOS DEMAS A TRAVES DE SUS GESTOS

LA COMUNICACION NO VERBAL

Como digo, el cuerpo habla y no miente como sí nos lo permite el lenguaje verbal. Ante una postura corporal que contradiga el mensaje verbal, tendremos que dar mucho valor a esa postura.

 

Tu terapeuta te ayuda a poner consciencia

Cuando hablamos no somos conscientes de muchos de nuestros movimientos o posturas, por eso es muy útil que tu terapeuta se fije en tu cuerpo para compartirte lo que ve fenomenológicamente. Esto te ayuda a darte cuenta de cómo estás diciendo lo que estás diciendo, y esto te puede ayudar a detectar alguna emoción que quizá no habías detectado o, en el caso de ser consciente de ella, poder detenerte en ella, prestarle la atención necesaria, dejar que exista, permitírtela. 

El terapeuta no juzgará tu emoción, tu vivencia, tu experiencia, lo que hará es ayudarte a que te des cuenta de lo que haces, y cómo lo haces, de lo que dices y cómo lo dices, para que tú mismo te des cuenta de lo que te tengas que dar cuenta.

 

El cuerpo confirma o contradice tu discurso verbal

El mensaje corporal puede estar reforzando el mensaje verbal o puede comunicar algo distinto. Por ejemplo, si estás diciendo que sientes rabia y tensas la mandíbula o aprietas tus puños y tu terapeuta comparte que está viendo esto en ti, quizá ya eres consciente de ello y se lo dirás: “Sí, es que no sé qué hacer con tanta rabia, ¡rompería esta lámpara que tienes en la mesita!”, … o si no te das cuenta quizá le dirás: “Ya… pues no me daba cuenta… y ahora que lo dices siento la rabia también en el pecho, como una energía que quiere salir, …”, es decir, estar atentos a cómo habla nuestro cuerpo nos da más información de lo que nos pasa.

 

La fenomenología en la terapia gestalt

Si tu terapeuta está atento a lo obvio, a lo que está pasando en ese momento, podrá ayudarte en tu proceso terapéutico compartiendo contigo aquello que ve en ti. 

Tu voz

Si, por ejemplo, te dice: “me doy cuenta que cuando me dices esto, bajas el tono de voz”, quizá no te habías dado cuenta, o sí, pero en cualquier caso es una intervención que puede ser productiva para que te des cuenta de algo. Sólo con hacerte esta observación, ya tendrá un impacto en ti. Hará que detengas tu discurso mental para poner atención a que bajas la voz al decir eso que estabas diciendo. Quizá te das cuenta de algo a nivel emocional con esa observación, o quizá tu terapeuta te invita a que sigas hablando en ese tono bajito un poco más. Ahí ya hay trabajo terapéutico para ti. Quizá a esa invitación pones alguna resistencia. Ahí ya estás descubriendo algo. Quizá no hay resistencia y lo haces, y sigues un rato hablando en ese tono más bajito, y quizá con eso te vas dando cuenta de algo. Quizá sientes que te vas haciendo pequeño o pequeña, o viene alguna emoción, y ahí os podéis detener, para que la observes, para identificar qué información te está dando. 

Cuando bajas la voz sin darte cuenta, es el cuerpo quien te habla, que sabe más de ti que tu mente, que va muy rápido a poner un significado a todo lo que te pasa.

 

Tu expresión facial

Otro ejemplo puede ser que tu terapeuta te diga: “veo que me hablas de algo doloroso para ti y a la vez sonríes”. Si no te lo dice, es posible que no te dieras cuenta de ello. Quizá eso ya es productivo para que te des cuenta de algo, o, en el caso que no le des más importancia, quizá tu terapeuta te preguntará “¿y lo haces a menudo esto de sonreír cuando cuentas algo doloroso o incómodo?”, y quizá con eso ya te darás cuenta que sí, que es habitual en ti sonreír en momentos en que hacerlo no es coherente con lo que sería orgánico con tu experiencia. Quizá te das cuenta que tienes un ajuste para cortar algunas emociones, para no contactar con ellas, quizá porque evitas ese dolor. Fíjate todo lo que puedes sacar de tener a alguien presente para ti en tus sesiones de terapia, que se fija mucho en el CÓMO dices y haces, y no sólo en el QUÉ dices y haces.

Cada sesión de terapia es un encuentro en el que descubrir infinidad de situaciones en las que tu cuerpo te habla. No acabaríamos nunca de ver ejemplos, pero te voy a poner otro ejemplo de cómo aprovechar la información que te da tu cuerpo sobre ti para tu proceso personal.

 

Tus gestos

Sigamos poniéndonos en tu piel cuando estás en sesión con tu terapeuta. Voy a reproducir un posible diálogo entre vosotros en el que tú como cliente serás C y tu terapeuta será T:

Lo obvio

T: Veo que cuando dices que estás cansado/a de esta situación te golpeas levemente la pierna, ¿te has dado cuenta?

C: Sí.

T: ¿Y qué dice tu mano al golpear la pierna cuando expresas tu cansancio ante la situación que me has compartido?

C: Pues dice que ¡basta ya!

T: ¿Basta ya de qué?

C: Pues que ya no soporto más que me hable así

T: ¿Y se lo has dicho?

 

El conflicto

C: Me cuesta… siempre me ha costado poner límites.

T: Parece que a tu mano le cuesta un poco menos

C: (sonríes, te hace gracia) No sé…

T: Ella ha expresado ese enfado

 

La creencia

C: Ufff es que yo… enfadarme… no quiero, no me va bien.

T: No te lo compro

C: ¿Qué quieres decir?

T: Dices que te cuesta poner límites.

C: Sí.

T: Y por lo que estamos hablando, entiendo que te gustaría poder ponerlos.

C: Sí, claro.

T: Un límite es decir NO a algo que no quieres, y el enfado ayuda a poder hacerlo.

C: Visto así… te lo compro.

 

El experimento

T: Muy bien, pues te propongo aprovechar la sabiduría de tu mano que parece ser que contacta con ese enfado, aunque solo sea un poquito, porque claro, como hasta ahora quizá no te habías dado cuenta de lo sano que puede ser contactar con el enfado, es posible que ese leve toque de tu mano contra tu pierna haya sido más leve del que tu cuerpo necesita por la creencia de tu mente que te dice que el enfado no es bueno.

C: ¿Y cómo lo hacemos? 

T: Lo harás tú. Lo harás con tu cuerpo, con tu mano. Repite el gesto de darte en la pierna.

(Lo haces una vez)

T: Sigue, no pares, date golpes en la pierna.

(Lo haces y subes la intensidad)

T: Veo que te vas dando más fuerte.

C: Sí, y lo haría más fuerte pero me haría daño.

T: Pues dale los golpes al sofá en el que estás sentado/a.

(Lo haces y subes la fuerza, y al hacerlo usas todavía más tu cuerpo acompasando el ritmo de los golpes, balanceándote)

T: Sigue y di ¡basta! ¡basta yá!

Lo haces, y cada vez contactas más con el enfado, y después de hacerlo te sientes liberado/a. 

 

Gracias al haberlo hecho en terapia, con tu terapeuta, has podido experimentar cómo ha sido hacer algo distinto de lo que habías podido hacer hasta ese momento y que te ha dado una información, una experiencia directa en tu cuerpo de lo liberador que ha sido para ti contactar con el enfado.

 

El cuerpo como herramienta terapéutica

Podemos seguir con el ejemplo anterior acerca de poner límites. Siguiendo con lo terapéutico que es experimentar y no sólo hablar desde la mente, otra forma de trabajar los límites en la relación Yo-Tú-Nosotros puede ser que el propio terapeuta preste su cuerpo para hacer un experimento para que el cliente pueda poner un límite con algo más de fuerza, no sólo con la voz.

El terapeuta puede proponer al cliente que se levante y se pongan los dos uno mirando al otro, a cierta distancia, y el terapeuta irá acercándose al cliente poco a poco, hasta que el cliente tenga que poner su límite, pedir que se pare cuando se lo diga, y el terapeuta solo se detendrá si siente ese límite (o lo hará para no acercarse demasiado para respetar su límite pero le dirá que no ha sentido el límite como tal). Quizá el cliente usará solo la voz y el límite llegará al terapeuta, o quizá el cliente necesitará poner su mano delante para detener al terapeuta. Todo será válido, lo terapéutico es que el cliente viva la experiencia, y que ambos puedan compartir cómo ha sido, si el cliente se ha dado cuenta de algo, si lo que le ha ocurrido es conocido o no para él/ella, etc…

 

La fuerza del grupo

En terapia grupal, se puede hacer este mismo experimento pero con más personas, con varias personas acercándose al cliente por varios lados, poco a poco, y además, ahí trabajan todos, ya que los que se están acercando también podrán experimentar y compartir cómo ha sido para ellos tener que respetar ese límite, si les ha llegado el límite puesto, etc…

 

¿Qué relación tienes con tu cuerpo?

¿Vives en tu cuerpo libremente? ¿Le permites ser? ¿Le permites expresar lo que necesita? O lo que es lo mismo y más propio decir, ¿Te permites expresar lo que necesitas?, ya que para hacerlo necesitas tu cuerpo, que eres tú mismo/a.

Un ejemplo muy sencillo es si te permites llorar. Si cuando tienes ganas de llorar te reprimes, es decir, retroflectas (¿recuerdas la retroflexión? puedes ver información sobre este mecanismo de evitación del contacto y otros en este artículo anterior), estás ejerciendo un control sobre tu cuerpo, sobre tí mismo/a, aplicando un filtro mental que decide que es mejor no llorar, interrumpiendo así que puedas expresar lo que necesitas, que es llorar. Lo mismo para la rabia, alegría, etc… ¿te lo permites?

¿Bailas? ¿Le dejas bailar a tu cuerpo? O, mejor dicho, ¿Te dejas bailar?. ¿Tú decides desde la cabeza “ahora voy a mover el pie al ritmo de una música que está sonando”? Evidentemente, no. Es tu cuerpo que siente el ritmo de esa música y empieza a reaccionar, y te descubres moviendo un pie siguiendo ese ritmo. Que haya momentos y lugares para bailar y otros en los que no se puede, son creencias mentales que a tu cuerpo no le importan, no conoce esas reglas, y lo mismo pasa si lo que nos impide bailar es vergüenza, el cuerpo no aplica estos filtros, el cuerpo simplemente ES, y se EXPRESA.

 

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